Friday, October 2, 2009

"Cada cual, Sancho, es hijo de sus obras."

La frase del Quijote que inicialmente pensé utilizar es la muy famosa: "Los perros ladran, Sancho, señal que cabalgamos", pero como podrían llamarse a insulto, a pesar de lo mucho que me insultan y , en el mejor de los casos, podrían continuar el debate de si la frase viene o no en el famoso texto de Miguel de Cervantes Saavedra, opté por la que he usado. Todo viene a colación porque los voceros del gobierno usurpador me acusan de insultar desde la tribuna del Congreso a los funcionarios del gobierno usurpador, lo cual, por cierto, es falso, pero se sienten autorizados para soltar cualquier cantidad de injurias a mi persona. Califíquelas, si no, mi estimado lector.

Carlos Marín escribe a propósito de mi persona: "porro, calumniador y ofende" señalando que no me pagan para eso; ya volveré al tema pero lo único que he recibido de Marín son mil pesos producto de un a apuesta. Gómez Leyva señala: "hay mucho de estupidez, desverguenza", "machismo de la nueva diva del bodevil político"; "mostrará su pene y luego pedirá derecho de réplica", excelso lenguaje del citado comunicador; o Néstor Ojeda, que me llama engendro de la política. En El Universal, Ricardo Alemán señala: "vómito de odio delirante", "Enanos del tapanco", "enanos del Congreso".

Éstos son algunos autodenominados periodistas y líderes de opinión que me censuran por, según ellos, usar el insulto en tribuna. Vale añadir que no deja de llamar la atención que estos personajes coincidan con la crítica del Arzobispado, que en su semanario "Desde la (mala) fe" repiten en escencia lo mismo, aunque sin insultos a mi persona, hay que reconocerlo.

Como congruentes y consecuentes no podrían ser considerados estos autodenominados periodistas, pues su lenguaje es francamente soez y vulgar, aunque suene redundante. Por otra parte, su argumentación es por demás elemental. En realidad, estos personajes sirven al poder, por ello tienen trabajo, privilegios y canonjías que cuidan bien de no hacer públicas. Por pago a sus servicios atacan con ferocidad a quienes hacemos labor opositora. Puede gustarles el tono o no, pero hacen caso omiso de los argumentos que hemos usado en los debates y actúan con parcialidad y deliberada mala fe.

Para ejemplo un botón: denuncié en en una de mis intervenciones el uso privado que se le da a la casa donde vivió Manuel Ávila Camacho, mansión de cinco hectáreas donada como residencia de visita para jefes de Estado en la capital del país, pero desde 1997 sólo en una ocasión ha sido utilizada para este fin y sí, en cambio, se ha ocupado como lugar de fiestas privadas de los presidentes en turno, desde Zedillo a la fecha y por sus familiares y amigos. No salió la nota de ello, ni de ningún argumento presentado en los pasados debates en que he hecho uso de la tribuna, en no menos de una decena de ocasiones.

Por otra parte, Gómez Mont, García Luna y Carstens pudieron defenderse a mismos desde la tribuna durante sus comparecencias y no lo hicieron. Necesitan de los personeros y las plumas del sistema para ser defendidos, qué lástima. Por mi parte , seguiré desde la tribuna fustigando a quienes oprimen al pueblo y viven de él; también seguiré defendiendo las mejores causas. Si les gusta el tono o no, es problema de ustedes, los personeros del gobierno, pues no aceptan que lo que les incomoda es lo que decimos sin importar el tono que utilizamos. En resumen, les irrita que haya oposición al gobierno usurpador.

Finalmente, si siguen con el cuento de que ustedes me pagan, les diré, bajo esa óptica, que yo tampoco les pago para que estén al servicio del gobierno en turno, sino para que hagan una labor periodística seria, objetiva y profesional. Así están las cosas.

"¿Quién dijo que no todo está perdido? 
Yo vengo a ofrecer mi corazón."

Artículo de Gerardo Fernández Noroña como invitado del periódico Milenio (Política, p.12, 2 de octubre de 2009).